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20 de marzo de 2010 - Núm. 1494
 

No la reconocerá ni la madre que la parió (II)
Alberto Martín del Pozo

8 de junio de 2009

Cada Estado, fruto de su historia y de su tradición, tiene una serie de estructuras políticas características. En nuestro país, y durante los últimos 30 años, ese puesto lo han ocupado las Comunidades Autónomas, un invento patrio fruto de la necesidad, a medio partido entre la estructura federal existente en otros países de Europa y el chiringuito de playa con cafetera express.

Como decíamos ayer, las Comunidades Autónomas son parte del Estado, emanan de este y reciben su autoridad y legitimidad de las leyes promulgadas por el Estado. Aunque esto parezca una perogrullada no lo es. Las Comunidades Autónomas han sido uno de los motores del desarrollo de España. Han servido para recortar desigualdades económicas y sociales, proteger e impulsar las culturas regionales, defender los idiomas propios como patrimonio común del Estado, además de servir de respuesta a las ansias de autogobierno de parte de la ciudadanía. No han sido pocos los aciertos del sistema y es necesario un reconocimiento.

Pero también es cierto que el sistema ha presentado problemas de cimentación y de desarrollo desde el comienzo. Desde aquellas dos vías de acceso al autogobierno hasta las últimas transferencias de autogobierno, pasando por un Senado, cámara de representación territorial, escasamente funcional. En la actualidad, y sobretodo en determinadas cuestiones, las Comunidades Autónomas parecen reinos de taifas dirigidos por reyezuelos locales envidiosos de las glorias y esplendores de los vecinos. No solo faltan teóricos del federalismo, como dice Suso del Toro de vez en cuando, faltan teóricos, prácticos, ganas y fuerzas.

Como me he propuesto reformar el país yo solito, sin remangarme ni despeinarme, he aquí, en primicia y en exclusiva mundial, el segundo capítulo de la Plan de Reforma Integral de las Estructuras Básicas del Estado (PRIEBE), proyecto no adscrito, de momento, al Plan E del Gobierno, ni al festival este de las corbatas rosas.

Llevemos, todos juntos de la mano, al Estado hacia el federalismo. Lo primero de todo, reformar el Senado con la intención de convertirlo en un lugar de debate y decisión entre las autonomías. Un representante por autonomía, decidido por el gobierno de cada comunidad, con plenos poderes de decisión. Todas las leyes que en la actualidad necesitan el refrendo del Senado, seguirán necesitándolo, pero será a la europea, mayoría cualificada que represente al 60% de las CCAA (9) y el 50% de la población. No solo nos ahorramos un porrón de sueldos y enviamos al paro a gente que de verdad se lo merece, sino que incluimos a las CCAA en el día a día del Estado. No solo deberán aplicar las leyes estatales, sino que deberán ser parte integrante de su desarrollo y aprobación. Además, el Senado sería el escenario para el debate de leyes autonómicas que afecten a otras comunidades y tendría capacidad de veto tanto para leyes autonómicas de su competencia como para leyes estatales que afecten a competencias transferidas.

Más cosas. Reconfiguración completa de las competencias. Si todos somos iguales, todas las comunidades tienen que ser iguales. Eliminación de todos los privilegios pre-constitucionales y negociación inmediata de las competencias transferidas y a transferir, para fijar las competencias exclusivas del Estado. Principalmente Defensa, Exteriores, Seguridad Social y Educación, y en especial esta última. Es evidente que el Estado aceptaría la colaboración de las CCAA en determinados ámbitos, como la defensa y promoción de las lenguas y culturas regionales, patrimonio común de todos los españoles, y cuya enseñanza debería garantizarse por ley en todo el Estado. Además, capacidad de control por parte del Gobierno de las competencias exclusivas de la CCAA, capacidad para intervenir en caso de necesidad (más allá del articulín 155 de la CE) y órganos conjuntos de obligatoria conformación entre Gobierno Central y CCAA para asegurar iguales prestaciones en toda España para los ciudadanos, no vale con reuniones para tomar café y desempolvar las banderas. También hay que reformar la financiación, sin atender a balanzas, básculas u otros aparatejos. No se debería permitir, ni impulsar ni amparar proyectos legales autonómicos que afectan a la capacidad inversora del Estado.

A nivel interno, circunscripciones únicas y listas abiertas, única forma rápida de asegurar a los ciudadanos cierto control sobre los representantes que envían los partidos a las Administraciones Públicas, aprovechando la implicación en política a la que obligamos a los ciudadanos con la reforma de las administraciones locales y obligando a todos los que conforman las listas de los partidos a partirse el lomo dándose a conocer para conseguir la equis de los ciudadanos junto a sus nombres.

La cooperación de los partidos políticos es básica para llevar a buen puerto las reformas, y aquí es donde me temo que la idea cojea. Los partidos han utilizado las CCAA para asegurarse reductos de poder, y no han dudado en utilizar los medios de las comunidades para ello. Una subvención por aquí, un reparto de fondos por allá, aseguran urnas agradecidas en casi todas las comunidades autónomas donde un partido se ha perpetuado en el poder, e incluso en aquellas en los que esto no sucede; los partidos políticos son buenos alumnos. La politización de los órganos administrativos es vergonzosa en la administración local, y vergonzante en la autonómica, y por aquí se resiente cualquier idea, cualquier propuesta y cualquier cambió.

Podemos cambiar el sistema, reformar la administración autonómica, avanzar hacia un federalismo simétrico que articule el Estado. No es demasiado complicado, no tenemos que inventar nada. La gran duda es si los partidos políticos están dispuestos.

 

Por Alberto Martín del Pozo

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4 mensajes

  1. No la reconocerá ni la madre que la parió (II)

    Coincido absolutamente. Sólo discrepo en un punto: Suso del Toro dice gansadas siempre. Es un nacionalista más.

    | 8 de junio de 2009, 04:19

    Responder este mensaje

  2. No la reconocerá ni la madre que la parió (II)

    Coincido en lineas generales, aunque habría que concretar un poco más.

    | 10 de junio de 2009, 06:34

    Responder este mensaje

  3. No la reconocerá ni la madre que la parió (II)

    La propuesta de reforma de las entidades locales me gustó más. Con esta no estoy tan de acuerdo. O no he entendido bien algunas cosas. ¿El Senado solo tendría 17 senadores?O a qué te refieres con que cada CCAA nombraría un Senador. Porque eso ya lo hacen, nombran uno, y otro más por cada millón de habitantes. Tampoco me parece muy bien lo de las mayorías cualificadas en función de la población. Los mecanismo de control sobre las materias transeferidas tampoco los entiendo mucho, ya existen algunos, así como los órganos de coordinación. Luego, las competencias exclusivas del Estado: Defensa y relaciones internacionales por supuesto. Seguridad Social ya es competencia exclusiva en su legislación y régimen económico, puediendo las CCAA asumir la ejecución de sus servicios. Y en la educación, el Estado ya se reserva las bases, quedando el desarrollo para las CCAA. Por otro lado, de buena parte del déficit de las CCAA tiene la culpa el propio Estado, que ha alardeado de grandes superavits cuando las CCAA tenía que endeudarse para hacer frente a las competencias transferidas. Corresponsabilidad diría yo. Con lo que si estoy de acuerdo es con las listas abiertas, y con eliminar los privilegios tipo Cupos y demás, potenciando en la financiación el Fondo de Compensación Interterritorial.

    | 10 de junio de 2009, 11:07

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  4. No la reconocerá ni la madre que la parió (II)

    Desde mi punto de vista, los cambios a realizar son 4:

    - Senado: El problema no es tanto su composición sino su función. No puede ser una cámara de segunda lectura. Ha de tener iniciativa legislativa y debatir y aprobar asuntos y leyes que afecten a las regiones. Ha de suprimir la bilateralidad. ¿Por qué no crear una cámara donde se elaboren leyes de rango autonómico entre Gobierno y Comunidades autónomas? Una cámara donde se canalicen ordenadamente los conflictos de interés (que existen objetivamente) entre las distintas regiones.

    - Competencias exclusivas del Estado: El Estado debe garantizar el derecho de todos los ciudadanos en igualdad de condiciones a todos los servicios públicos. Esto debe garantizarse por ley. Actualmente los expertos vienen señalando dos problemas: Primero: los recursos de las distintas autonomías para la prestación de las competencias transferidas no son los mismos (como tampoco las prioridades políticas), es decir: No sólo que una autonomía pueda por ejemplo, dar más o menos ayudas al transporte; sino que una autonomía priorizará las prioridades públicas en función del color del gobierno; esto es algo natural, pero no debe permitirse que en una comunidad existan 30.000 camas de hospital para un enfermo con una población de 3.000.000 millones y otra 3.000 con una población de 7.000.000 millones. El Estado debe asegurar unos criterios y establecer unos parámetros en las prioridades del gasto.

    Es cierto que existen leyes Orgánicas, esto es, de obligado cumplimiento para todas las regiones, pero el desarrollo de dicha ley orgánica la realiza la autonomía a través de los distintos reglamentos. Y en este sentido por ejemplo, en Cataluña se ha suprimido una hora de Castellano. Lo que trato de explicar es que no es igualitario que a través de la potestad legislativa se generen diferencias. No es admisible por ejemplo que, siendo el castellano lengua co-oficial en Cataluña, un ciudadano de Aragón o de Melilla, sólo pueda rellenar el exámen en catalán.

    - Financiación: Como premisa inicial, hay que decir que el debate sobre la reforma de la financiación parte del compromiso contraído de llevarlo a cabo en la aprobación del Estatut de Cataluña (que por cierto está en el Constitucional desde hace varios meses con 7 recursos pendientes: PP, algunas comunidades y defensor del pueblo). En fin, más allá de esto, que no deja de ser información, lo que no es positivo es la bilateralidad. Existe un consejo fiscal y financiero y es allí donde entre todas las regiones debe resolverse el asunto. Desde mi punto de vista, lo ideal es que el Estado financiara una parte de todos los servicios (estén transferidos o no), para asegurar un mínimo de prestaciones para garantizar la igualdad. Luego los criterios de financiación deben atender a cuestiones que tengan que ver con la situación real de cada autonomía. Habría que valorar en cada momento qué regiones presentan mayores dificultades socio-económicas, mayores problemas para una expectativa de desarrollo. Por ejemplo: en Castilla y León, la población, según la última encuesta del INE, creció apenas unos miles de habitantes (probablemente debido a la inmigración). Nada que ver con el crecimiento de Cataluña, Valencia o Madrid. Deberían establecerse una serie de criterios que tengan en cuenta la expectativa de desarrollo de acuerdo con las condiciones objetivas. El fondo común debe obedecer a estos parámetros. Por otra parte, yo no soy muy partidario de ceder un porcentaje mayor de impuestos a las autonomías, pero esto obedece a que tengo un criterio más bien jacobino del Estado. Y creo que la izquierda debe tener ese criterio o la menos pensar al Estado como un instrumento con capacidad para garantizar en todo momento de la igualdad y la redistribución (muchas veces las comunidades - como he expresado antes- no son más Estado sino más mercado).

    - Cierre del Estado Autonómico: Desde mi punto de vista, la democracia española está consolidada. Pero su mayor amenaza a esa consolidación es que una o varias partes donde se aplican las leyes democráticas no aceptan o no se conciernen con ello. España tiene un problema nacionalista que, desde mi punto de vista, es grave y ha ido a más. No sólo por hechos como la Declaración de Barcelona de 1998, sino por todo un proceso de fragmentación que, poco a poco, pero de un modo continuo, convierten al Estado en un elemento gaseoso. El principal problema está en el CIERRE definitivo del Estado autonómico. Cierre que no es posible mientras los partidos Estatales PP, PSOE, UPyD (me gustaría incluir a Izquierda Unida, pero desgraciadamente no puedo hacerlo), dependan en su acción de Gobierno de partidos nacionalistas sub-estatales que, con mayor o menor intensidad tienen como objetivo contruir una nación. Desde mi punto de vista, falta coraje, falta altura de miras, faltan líderes responsables y una clase política seria para afrontar el problema y solventarlo.

    Estoy muy de acuerdo con la reflexión que hace el autor de este artículo sobre este asunto. En realidad, más allá de precisiones técnicas debatibles y puntulizaciones varias, tiene para mi mucho mérito esta reflexión porque el autor hace un esfuerzo en el reconocimiento de los problemas trasciende el debate fatigoso del partidismo. Se trata de un texto necesario. Una invitación a la reflexión y al debate.

    | 10 de junio de 2009, 13:33

    Responder este mensaje

 
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