Uno de los problemas más graves a los que se va a enfrentar el Lehendakari López, según todos los opinólogos de los medios de comunicación, es gobernar desde una Administración vasca ocupada mayoritariamente por personal afín al ideario del anterior Gobierno autonómico. Parece ser que en algún punto de los últimos treinta años alguien debió eliminar, por error, aquella coletilla de “igualdad, merito y capacidad” que definía en teoría el acceso de los ciudadanos al empleo público.
La actual situación económica, sumada a última hora a la pandemia de histeria colectiva provocada por la gripe A, están manteniendo fuera de la primera línea informativa una serie de problemas, endémicos por otra parte, que requieren de igual manera una respuesta firme por parte de la ciudadanía.
Por una parte, los casos de corrupción que salpican diariamente los informativos nos hablan de la cantidad de manzanas podridas que han encontrado acomodo dentro de las organizaciones políticas; por otra parte, el anquilosamiento de las herramientas del Estado provocan que muchas medidas, referidas no solo a la lucha contra la corrupción, se retrasen indefinidamente o queden en papel mojado una vez puestas en práctica. El problema del Lehendakari es tan solo una muestra de un problema mayor, la sobrepoblación de cargos políticos que reside en nuestra Administración Pública y la primacía de los intereses particulares o de partido sobre lo que denominamos “interés general”. Y todo esto sin entrar en el que a mi juicio es el principal problema de nuestro sistema, la separación real que existe entre la esfera política y los ciudadanos, entre su mundo y la realidad, y el desapego y falta de implicación de la ciudadanía en su sistema político.
En muchas ocasiones, a los ciudadanos de izquierdas, militantes o no militantes, se nos acusa de estar abonados a la crítica perpetua y de no aportar nunca propuestas alternativas. Es cierto que los ciudadanos de centro-izquierda, y de izquierdas, solemos ser mucho más críticos con las decisiones de la clase política, en especial con las decisiones de los políticos que en teoría comparten nuestra ideología. También es cierto que en la mayoría de las ocasiones nos cuesta ofrecer alternativas. Hace no mucho, escribía en esta misma página unas líneas acerca del funcionamiento de nuestra democracia que provocaron esas mismas críticas.
Estos párrafos son fruto de esas críticas. Como advertí al principio, no son unos párrafos cómodos de leer. Sobre todo porque lo que voy a proponer ahora es fruto de una visión muy particular de la vida política, de la democracia real que vivimos y de la que a mi, personalmente, me gustaría vivir. Una propuesta personal y que no aspiro a que compartas conmigo.
Como por algún lado hay que empezar, y son muchos los flancos a tocar, voy a intentar abordar los problemas desde las macroestructuras del Estado. Aunque mucha gente no lo sepa, y aunque en muchas ocasiones no lo parezca, el Estado tiene una única administración – sorprendente, ¿verdad? – dividida en varios niveles o escalones. La comprensión de esto por parte de todos, políticos incluidos, ya es un objetivo a perseguir.
Si nuestra democracia tiene problemas de fondo, los Ayuntamientos, el nivel más cercano al ciudadano de la administración pública, es el primer lugar a intervenir. Primera propuesta, y que comiencen las críticas, eliminar el actual modelo de Ayuntamientos y establecer un modelo de gestión, que cuente con un Alcalde, elegido por mayoría en un sistema de doble vuelta, y un equipo de gestión independiente, funcionarios elegidos por oposición. Nada de listas de concejales cada cual más incapaz. Eliminación de los puestos políticos. Y, evidentemente, libertad absoluta de elección. Todo ciudadano puede ser Alcalde. Los antiguos partidos políticos parten con ventaja, pero a mi entender no es un abismo insalvable.
¿Y las decisiones? Asamblearias. Yo sé lo que necesita mi barrio, yo y mis vecinos decidimos que hacer con los impuestos que abonamos al Ayuntamiento. Asambleas de barrio para la gestión diaria de la ciudad y, para los asuntos de mayor calado presupuestario o de carácter transversal, consultas populares. Decisión directa del pueblo, con la mediación y dirección del Alcalde y puesta en práctica por gestores, no por políticos. ¿Qué ningún barrio quiere acoger un Punto Limpio, Centro de Día o alguna otra infraestructura necesaria para la ciudad? Negociación. No creo que si se pueden regalar competencias del Estado para aprobar unos Presupuestos no se pueda colocar una cancha de tenis a cambio de soportar determinados inconvenientes.
El sistema tiene sus fallos, a corregir entre todos y con la práctica, pero no me digan que no tiene ventajas. De un solo golpe eliminamos a una gran cantidad de cargos digitales, elegidos a dedo, y acercamos la gestión diaria a los ciudadanos. ¿Qué el Alcalde se enfrenta a la ciudad? No hay problema, no hay que esperar 4 años, porque sin el diálogo y la negociación no podrá sacar adelante ninguna decisión importante, lo que evitará que cada ciudad sea el cortijo de su Alcalde, elegido en ocasiones por aspectos poco relacionados con la gestión de la ciudad.
Una parte de los ciudadanos no participará, es cierto, pero creo que los que se impliquen, con la necesaria colaboración informativa del Ayuntamiento, sentirán a la ciudad y a la política más suyas. Evidentemente el modelo está pensado para ciudades de tamaño pequeño-medio. Para las grandes ciudades se deberían crear regidores de barrios que, elegidos por el Alcalde, se encargaran de la gestión diaria de cada distrito.
No he mencionado a las Asociaciones de Vecinos, y las he dejado aparte apropósito, sobre todo por la importancia que han tenido en los últimos años en está ciudad como oposición real al Consistorio. Deben existir y potenciarse, pero no como intermediarios, sino como distribuidores de información y creadores de opinión, si eliminamos la intermediación de las asociaciones semiprofesionales, los partidos políticos, no creo que debamos de sustituirlas por asociaciones de aficionados.
Quedan doscientos aspectos, tirando por lo bajo, que resolver. Pero si hay gente que cree que Dios ideó, diseñó y fabricó el mundo en siete días, que menos que darme a mi un par de semanas para arreglar el país. Lo prometo, mañana hablaremos del Gobierno.
Disculpe no entiendo nada de lo que ha escrito. Habla en otro idioma o es de otro planeta?
http://www.youtube.com/watch?v=ng-P...
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Lograr todo lo que dices sería un paso. Pero...
Por otra parte... la broma del video de Afl del otro comentario... no le veo la gracia.
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Es interesante lo que has escrito. Yo he leido varios libros de Marta Harnecker sobre democracia participativa, están bastante bien ,por si te interesa.
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Eso de que «a los ciudadanos de izquierdas, militantes o no militantes, se nos acusa de estar abonados a la crítica perpetua» es un chiste ¿Verdad? Porque cuando uno ve el primero de mayo que acaban de celebrar los sindicatos. Cuando uno ve la capacidad de acción de todos y cada uno de los departamentos ministeriales. Cuando uno ve las cifras micro y macroeconomicas sin que nadie reaccione. Cuando uno ve el jabón que los medios de izquierda emplean con el Gobierno, sencillamente, esa frase es un CHISTE.
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Alberto, pero qué grande eres!!
Habrá regidor de la carpetovetonia?? me lo pido!!
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