Una de las imágenes de la semana ha sido la del delantero Kanouté celebrando un gol mientras descubría debajo de su elástica sevillista una camiseta con la palabra Palestina. El jugador recibió tarjeta amarilla y será sancionado con 3000 euros que pagará responsablemente: “hice lo que tenía que hacer ante situación tan injusta”.
Lo cierto es que el Reglamento de la International F.A. Board, en su regla número 4 -indumentaria de los jugadores- contiene una Decisión clara: "Los jugadores no deberán mostrar camisetas interiores con lemas o publicidad. El equipamiento básico obligatorio no deberá tener mensajes políticos, religiosos o personales". En consonacia con todo ello, el artículo 120.bis del Reglamento de la Federación Española, sanciona con 3000 euros semejantes manifestaciones.
Al tiempo, los árbitros, cuando un jugador levanta por encima del pecho su camiseta (lo que suele implicar tapar su cabeza o su boca) han sancionado su conducta con tarjeta amarilla. Parece lógico que quieran tener permanentemente identificados a los 22 sujetos que están en el terreno de juego y que utilicen semejante medida para reprender una conducta que puede ser utilizada entre otras cosas para dirigirse en tono despectivo a un contrincante, un colegiado e incluso un compañero.
Parece claro que Kanouté no será sancionado por su honroso y solidario gesto para con Palestina sino por infringir las reglas de juego. ¿Ahora bien, a qué obedencen este tipo de decisiones e interpretaciones por parte de árbitros, FIFA y Federación Española?
De una parte, las marcas comerciales que patrocinan las camisetas, pagando cientos de miles de euros por aparecer en las camisetas de los equipos no están dispuestas a que en los momentos estelares del balompié, esto es, en los goles, los protagonistas retiren la camiseta oficial (la patrocinada) para hacer ver otra publicidad, mensaje, o para no hacer nada.
Desde el punto de vista deportivo, hay que reconocer que es verdaderamente difícil alcanzar el equilibrio entre la no politización (jugadores que piden el voto para un partido como ya hiciera Dario Silva con el Partido Andalucista), la lucha contra el fanatismo (ahí está el ejemplo del futbolista italiano Di Canio, que hacía el saludo fascista al anotar un gol) o contra la simple imbecidilidad (Ariel "Burrito" Ortega imitaba a un animal miccionando a la afición contraria cuando marcaba sus goles).
En la lucha por ese equilibrio se ha sido bastante poco sensible a manifestaciones que son normales en todos los ámbitos y los deportistas, como ciudadanos, no tienen por qué ser la excepción.
Y, más aún cuando se sanciona a quien reclama paz, o a quien no quiere competir el día en que su país es asediado (Georgia en los Juegos de Pekín); al tiempo que se fomenta la utilización de himnos nacionales, las banderas presiden las competiciones y se examina con lupa la actitud de los deportistas para con la bandera.
En cualquier caso, creo que hoy la palabra Palestina significa anhelo de Paz. Y si mostrar públicamente semejantes deseos es sancionable, todos nos sentimos reflejados en Kanouté.
Publicado en El Adelanto el 12 de Enero de 2009










