Ya no nos quedan ni las palabras. Después de haber “barrido” cualquier atisbo de pluralidad, la derecha “pisa el acelerador” para apropiarse del significado de las palabras, vaciando de contenido ideas que, no siendo suyas, pueden serle útiles si las sabe utilizar con efectismo. Una dificultad añadida para la izquierda, a la hora de hacer llegar un mensaje alternativo en el cada vez más asfixiante panorama mediático.
Decía Juan Carlos Monedero, que “nombrar es mandar”. Quizá por eso el fascismo rebautizó muchas de las calles a las que la democracia aún tiene pendiente la devolución de su nombre original. Los demócratas desde antesdeayer utilizan la palabra libertad con más pasión que los revolucionarios de mediados del siglo XX. Quienes blanden la Constitución, renegaban de ella con la misma firmeza con la que ahora llaman trasnochados (o dogmáticos) a quien sigue defendiendo la ejecución real de gran parte de su contenido.
Reivindicamos empleo digno y la derecha respondió con el “pleno empleo” (precario) antes de que vinieran mal dadas y reinventara el “fin de obra” para renombrar al despido sin derechos.
Reclamábamos el derecho a la vivienda, y el poder, siempre alerta, aprovechó para reorientar el mercado y hacer ricos a algunos propietarios de suelo que ahora dan conferencias sobre las virtudes de ser “emprendedor”, mientras reclaman ayudas -y no solo abrazos- para que la crisis la paguen otros.
Y en estas estábamos cuando se nos ocurrió hablar de movilidad y sostenibilidad… ideamos un modelo racional de ciudad, planteamos la necesidad de cambiar hábitos, propusimos alternativas a la ubicación de los aparcamientos y potenciar el transporte público. Incluso nos atrevimos con la educación no formal, la concienciación, la eliminación de barreras arquitectónicas, la recuperación de espacios peatonales…
Y nos encontramos con un día gratis de autobús, después de haber mirado a otro lado ante una nueva subida de precios (15%), realizada para garantizar ingresos a quien invierte poco y hace tiempo que gana demasiado; y con unos niños paseando en bici en un pabellón mientras sus padres padecían el atasco; y con unas camas elásticas y unos hinchables en una calle cerrada al tráfico allí donde no se molesta y un curso de conducción económica para quince conductores. Ventajas de organizar actividades a coste cero: “paga Europa” y nos colgamos la medalla. ¿Y qué queda después? ¿Qué compromisos? ¿Se ha conseguido algo? Eso ya son palabras mayores.
Resulta difícil deshacerse de la sensación de estafa que se le queda a un al comprobar a qué ha quedado reducido nuestro discurso y cómo, una vez más, se ha perdido la batalla de las ideas. "Ideario incendiario" pensábamos. Mas lo que ardió fue nuestra dignidad al observar que la reacción de la nueva derecha sería la de pervertir el lenguaje.
Publicado en El Adelanto el 22 de Septiembre de 2008
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