La noticia de hoy por sorprendente que parezca no era, sin embargo, inesperada. Juan Ignacio Martínez el ex entrenador de la Unión Deportiva Salamanca fichaba “de forma imprevista” por el Albacete. Sinceramente, no se si la directiva de la Unión debe entonar un “Sálvese quien pueda” o “Alguien nos tomó el pelo”. Hace unos días, a final de junio, el ex mister nos sorprendió con una espantá de la buenas, que cogió a muchos por sorpresa y que nos dejó preocupados por el futuro deportivo de nuestro club. Pretextos familiares, problemas personales que todos entendimos y comprendimos que el buen Juan Ignacio se marchaba por la falta de los suyos que habían quedado lejos, el club le ofreció el oro y el moro en este sentido, el acercamiento familiar y otras prebendas que no hicieron cambiar de opinión al técnico.
La pregunta que le hacían los medios en aquella mañana era siempre una y la misma: ¿hay alguna oferta de otro club?. Y la respuesta siempre una, la misma también, un contundente no que tranquilizaba a la afición y enarbolaba al entrenador. Hoy, sin embargo, nos enteramos que ya hace días que sí había una oferta, que ya hace días que había conversaciones entre un club, el Albacete Balompié, y ex entrenador charro, y que hoy se presentaba el flamante mister albaceteño. Quizá sea trasnochada en esto del fútbol la frase “sentir los colores”, porque aquí se sienten los euros y da bastante igual la camiseta que te pongas y los colores que luzcas, lo que luce es el brillo y el tinitineo de cuatro monedas o cuatro millones de ellas.
Mi opinión, sin embargo, con respecto a la marcha de Juan Ignacio Martínez es por desgracia una y muy concreta, el técnico salió al grito de “sálvese quien pueda”, le pudo el miedo a quedarse sin equipo tras haber hecho una buena temporada en la Unión. Le pudo la incertidumbre de que pasar el próximo año con nuestro equipo, que a estas alturas de verano entre ayuntamientos y permutas, ilegalidades y necesidades, nos tiene todavía en ascuas. Pero señor Martínez a veces hay que ser honrado con uno, con el club y con la afición, porque la afición, esa afición que era suya hasta hace unos días, comprendió que la condición de padre, esposo, hermano pudo a la condición de entrenador de fútbol, y entendió que a veces lo primero es lo primero y que el fútbol, aunque para usted sea su forma de vida, también es un juego. Lo que me parece aún más sangrante, porque al fin y al cabo, ¿quién no se mueve por su interés en esta vida?, es que una marcha voluntaria, de motu propio, ahora se convierta para mas inri en un problema añadido para el Salamanca. Porque ahora Juan Ignacio Martínez no quiere firmar la renuncia voluntaria y, por ende, abonar una sustanciosa cantidad de euros como penalización si fichaba, como así a sido, por otro club de fútbol de superior o igual categoría. Dice Martínez que no acepta los términos de aquel contrato, y señor mío, a mi me parece que usted le está echando bastante jeta al asunto. Aquí todos sabemos que si uno abandona su trabajo no cobra “paro” y que si usted se fue por baja voluntaria, debería, al menos, admitir las consecuencias de estos.
Termino como iniciaba esta reflexión en voz alta, este cabreo a voces, esta sensación de tomadura de pelo a la afición, si se trata de un sálvese quien pueda, márchese Sr. Martínez, pero haga las cosas bien, y no nos tome el pelo.











