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20 de noviembre de 2008 - Núm. 1010
 

Una oposición vigilante … Y vigilada

Rajoy prometió una «oposición vigilante». Pero, ¿estará igual de vigilante la oposición de la oposición?.

Alfonso Manjón

23 de junio de 2008

Todos los medios apuntaron a lo largo de la semana pasada que el Congreso del PP había terminado antes de empezar. No obstante, la crisis interna del PP siempre me pareció un hecho. Es verdad que no iba a presentarse candidatura alternativa alguna a la de Rajoy, pero las adhesiones a su proyecto nunca han sido lo suficientemente sinceras. Ni siquiera después de haber obtenido casi el 85% de los votos de los compromisarios en el cónclave popular que acaba de finalizar.

Desde luego, espero que nadie creyese antes del viernes que en esta convención iba a crearse un clima contrario a la unidad interna. Porque lo más importante es mostrarse unidos en la adversidad y no contravenir los intereses generales del partido. Por el propio bien de todos. Ya lo dijo el mismo Rajoy en su discurso: «La unidad es un valor superior que debemos salvaguardar en cualquier circunstancia». Pero, en mi opinión, esa unidad es ficticia.

Primero porque la no inclusión de los elementos contrarios a ese líder en la formación del nuevo grupo popular dice poco de su propósito de integración. Rajoy asegura que necesita la ayuda de todos. Y que dentro del partido no tiene «ni enemigos ni adversarios» porque todos los allí reunidos son «compañeros con un mismo empeño» y porque quiere dejar claro que en su casa «caben todos». Pero, qué paradoja. Si caben todos y todas las facciones, el hecho de que el ala más derechista del partido brille por su ausencia no puede ser reflejo de que esa nueva formación sea como afirma Mariano representativa. Bendito seas entonces.

Y, segundo, es una unidad ficticia porque es una unidad donde desde estos elementos -de los que se ha prescindido o se ha puesto en reserva- se pone al líder en entredicho. En constante vigilancia. Lo que Aznar ha dado en llamar sutilmente «respaldo responsable». Un respaldo responsable que no es otra cosa que una crítica amable. Una resignación afectuosa. Un respiro incómodo para Rajoy.

Incómodo porque es normal que pueda desconfiar de quien por ejemplo dice ser un «militante disciplinado que no aspira a nada y que no pide nada», que le da su apoyo, aunque condicional, y pide el apoyo de todos para el renombrado candidato; pero que luego no acude a sus discursos, se muestra más cercano a aquellos dirigentes que han tomado la decisión de largarse del partido y, además, advierte que en el partido «no sobra nadie». Para que todo el mundo lo tenga en cuenta.

¿Debe entonces el PP renovarse, girar al centro, o seguir el camino hasta ahora mantenido? Pues depende de cómo se mire.

Para Rajoy, el PP no debe cambiar sus principios, sino solamente sus procedimientos. Su forma de llegar al electorado. El viraje al centro no es otra cosa que una acción posibilista de cara a gobernar. De adaptarse a las nuevas circunstancias después de una derrota electoral que evidencia que su oposición agreste fue desacertada. No una voluntad como manifestó don Mariano. Porque incluso añade en su discurso: «Estábamos en la buena senda y en ella debemos continuar […] Vamos a hacer las mismas cosas pero vamos a hacerlas mejor». ¿Cuál es esa senda? ¿La senda del centrismo? Yo creo que no. Y si ese es el propósito, háblenos con proyectos, con nuevas ideas, con medidas que exterioricen ese giro. Háblenos del «reformismo» que preconiza como valor de progreso y renovación política.

Por su parte, Aznar, fíjense de quién les hablo, dice que «nadie nos tiene que enseñar el camino del centro». Que «no vamos al centro [porque] estamos en el centro desde hace muchos años». Para él, la nueva imagen que quiere dar su partido no responde a tacticismos ni cortoplacismos de cara a sumar voluntades. Entre otras cosas porque el PP ha sido siempre «un ejemplo de renovación integradora frente a las etiquetas y los personalismos». Un partido moderado y abierto que no puede, por otra parte, descuidar los votos que ya se han granjeado y la personalidad política de los mismos.

¿Creen que viaja el PP al centro? ¿Que permanecerá unido y sin fracturas durante mucho tiempo? ¿Que no se levantarán voces discrepantes como la de Esperanza Aguirre que ha dicho que no ha sido escuchada y que en los tiempos venideros se ha de integrar en el grupo de gobierno a otros sectores? ¿Creen que será esta unidad finalmente incómoda para Rajoy durante los próximos meses y años? Esperemos a que el tiempo diga la última palabra.

 
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